Literary competence and its relationship with professional skills in the pedagogical professional training
Recibido: 26/06/2025 | Aceptado:
20/11/2025 | Publicado: 30/12/2025
M. Sc. David Almeida- Martínez 1*
Dr. C. Eusebio Ebert León- Martínez 2
Dr. C. Nidia Lescaille-
Labrada 3
1* Universidad de Ciencias Pedagógicas Enrique José Varona, La Habana, Cuba. dalmeidamartinez@gmail.com
ID ORCID https://orcid.org/0009-0009-1365-6918
2 Universidad de Ciencias
Pedagógicas Enrique José Varona, La Habana, Cuba. eusebioelm0106@gmail.com ID ORCID https://orcid.org/0000-0002-7263-629X
3 Universidad de Ciencias Pedagógicas Enrique José Varona, La
Habana, Cuba. nidialescaillelabrada@gmail.com
ID ORCID https://orcid.org/0000-0003-1200-2137
Resumen:
En la Universidad de Ciencias Pedagógicas Enrique
José Varona, la formación de profesores de Español-Literatura
requiere de competencias profesionales, destacándose la competencia literaria,
como una capacidad para analizar textos literarios mediante conocimientos,
habilidades, valores y actitudes. El objetivo es fundamentar la competencia
literaria en la formación del profesional de Español-Literatura.
Se ha podido constatar que existen dificultades en su desarrollo, como
insuficiencias en el dominio teórico del hecho literario y enfoques
metodológicos. La competencia literaria se vincula con dimensiones como el
saber conocer, saber hacer, saber ser y saber actuar. Estudios enfatizan su
relación con la competencia comunicativa, al considerar el lenguaje como eje
transversal. Desempeña un papel en la formación integral del profesor pues
fomenta la lectura crítica, la interpretación de mensajes culturales y la
promoción de valores. La competencia literaria es inherente a las competencias
profesionales del profesor, pues permite una enseñanza contextualizada, crítica
y creativa de la literatura, trascendiendo el formalismo academicista. Su
desarrollo fortalece capacidades para formar lectores competentes para la
enseñanza de la literatura, consolidando un perfil profesor integral y adaptado
a las demandas sociales actuales.
Palabras clave: competencia literaria; competencia profesional; español-literatura.
Abstract:
At
the Enrique José Varona University of Pedagogical
Sciences, the training of Spanish-Literature teachers requires professional
competencies, with literary competence standing out. This is defined as the
ability to analyze literary texts through knowledge, skills, values, and
attitudes. The goal is to determine the literary competence in the training of
the Spanish-Literature professional. It has been observed that, there are
difficulties in its development, such as deficiencies in the theoretical
understanding of literary phenomena and methodological approaches. Literary
competence is linked to dimensions such as knowing, knowing how to do, knowing
how to be, and knowing how to act. Studies emphasize its connection to
communicative competence, considering language as a cross-cutting axis. It
plays a role in the teacher's comprehensive training by promoting critical
reading, the interpretation of cultural messages, and the promotion of values.
Literary competence is inherent to the teacher's professional competencies, as
it enables a contextualized, critical, and creative teaching of literature,
transcending academic formalism. Its development strengthens the ability to
train competent readers for the teaching of literature, consolidating a
comprehensive teaching profile adapted to current social demands.
Keywords: literary competence; professional
competence; spanish literature.
Introducción
Una educación articulada con la ciencia, la
tecnología y la sociedad actual resulta esencial para contextualizar a los
profesionales en problemáticas sociales y capacitarlos en la resolución de
desafíos socioeducativos, lo cual contribuye a una formación integral. En este
marco, el desarrollo de competencias profesionales en el ámbito educativo es
crucial para enfrentar los problemas complejos del contexto escolar y alcanzar
dicha integralidad. El desarrollo de competencias profesionales en el área de
la educación es crucial para enfrentar los complejos problemas del contexto
escolar y lograr dicha formación integral. Según los aportes de Parra (2025),
desde su proyecto de investigación “La integralidad pedagógica en la formación
continua de los profesionales de la educación”,
la integralidad de los profesionales de la educación, es un proceso que
expresa e indica la finalidad que se debe lograr en la formación de futuros
profesores, en la que estos deben desarrollar competencias profesionales que le
permitan solucionar problemas del proceso enseñanza-aprendizaje (PEA) para la
transformación de la personalidad en lo intelectual, afectivo y ejecutor. En
este desarrollo de la integralidad, el modelo del profesional establece los
modos de actuación profesional, en los que está comprendida la dirección del
PEA como eslabón base para el desarrollo de competencias profesionales.
En la formación de profesores de Español-Literatura,
se ha venido expresando la necesidad de formar un profesional competente. La expresión de estas competencias profesionales se denotan
a partir de que este profesor sea capaz de ser mediador entre la sociedad y el
estudiante, entre la ciencia que enseña y el estudiante que aprende; pueda
promover la cultura, sea modelo lingüístico y que pueda demostrar con su
actuación diaria el dominio de contenidos lingüístico-literarios y de métodos
de trabajo científico-metodológico. Por tanto, el desarrollo de capacidades,
conocimientos, valores y actitudes debe permitirle, al profesor de Español-Literatura resolver, en el PEA, problemáticas como
el escaso desarrollo de habilidades comunicativas, tanto orales como escritas,
en los estudiantes; el uso incorrecto del idioma, la ausencia de lectura y la
ausencia de valores sociales. Dentro de las competencias que debe desarrollar
el profesor de Español-Literatura están la
comunicativa y la literaria.
La competencia literaria es la expresión de conocimientos
amplios de todo el aparato teórico literario, del desarrollo habilidades
durante el análisis, mediado por un método, para la decodificación de los
rasgos estéticos de las obras y la comprensión de su mensaje estético y ético,
así como el desarrollo de juicios valorativos.
Así, en la
formación de profesores de Español-Literatura, la
competencia literaria es la manifestación de conocimientos, habilidades,
capacidades, valores y actitudes por parte del profesor durante el análisis del
texto literario, que se concreta en la dirección del proceso de
enseñanza-aprendizaje de la asignatura.
El objetivo del artículo es fundamentar la competencia literaria en la
formación del profesional de Español-Literatura.
Materiales y métodos
Se realizó un estudio teórico con el empleo de
métodos teóricos como el histórico-lógico, que permitió el estudio en el decursar del tiempo de la competencia literaria; el analítico-sintético, el que permitió la
consulta de autores cuyos trabajos están relacionados con la competencia
literaria, y el enfoque de sistema para la consulta de fuentes primarias,
relacionadas con las competencias profesionales, la competencia literaria y el
desarrollo de esta competencia para la enseñanza del Español y la Literatura. Para
la selección de la revisión se utilizó como criterios de inclusión: artículos
en revistas científicas, 2020–2025 en español, fundamentalmente.
De igual modo,
se utilizaron los métodos empíricos, entre ellos el análisis documental para la
revisión de los documentos normativos del plan de estudio de la carrera y la
presencia en ellos de la competencia literaria. Lo que permitió concluir que
existen dificultades en la formación de profesores de Español-Literatura,
relacionadas con el desarrollo de la competencia literaria como el insuficiente
conocimiento sobre datos del hecho literario y el análisis literario,
restringido solo a la identificación de planos del texto literario. Todo ello,
deviene en un escaso desarrollo de la competencia literaria en la formación del
profesional de la Licenciatura en Educación Español-Literatura, que significa
en cierta medida: dificultades en la formación de competencias profesionales,
si se entiende que la competencia literaria es inherente a las competencias profesionales.
Resultados y discusión
La
indagación teórica se inició con las concepciones acerca del término
competencia considerado, desde un enfoque funcionalista desde inicios de los
años 90 por numerosos investigadores, como un conjunto de recursos expresados
en saberes, habilidades y actitudes que se deben saber aplicar o movilizar para
cumplir con los fines específicos de procesos profesionales y laborales.
Así, un
resultado importante lo constituye la definición del término competencia,
asumida de Bermúdez, et al. (2023). quienes tras una revisión teórica refiere
los componentes esenciales que caracterizan la competencia desde o global que
pone en juego conocimientos, habilidades, actitudes y valores. En este sentido,
saber conocer, que tiene en cuenta la adquisición de conocimientos; saber hacer
que se demuestra desde las habilidades, destrezas y capacidades; el saber ser
que se percibe en los valores que han sido interiorizados y subjetivados por el
sujeto; y saber actuar, en el que se imbrican estos tres saberes y se influyen
armónicamente en su desempeño y se movilizan integradamente para dar solución a
un problema en un contexto determinado.
Así un
resultado importante lo constituye la definición del término competencia,
asumido de Valle, et al quienes tras un estudio pormenorizado refieren los
componentes o rasgos esenciales que pueden caracterizar la competencia:
“conocimientos, habilidades, capacidades, actitudes y valores que son
apropiados por el sujeto mediante la experiencia en el transcurso del proceso
formativo” (Valle, et al, 2020); el saber conocer: que tiene en cuenta la
adquisición conocimientos; el saber hacer: que se demuestra desde las
habilidades, destrezas y capacidades; el saber ser: que se percibe en los
valores que han sido interiorizados y subjetivados por el sujeto y el saber
actuar: en el que se imbrican estos tres saberes y se influyen armónicamente en
su desempeño y se movilizan integradamente para dar solución a un problema en
un contexto determinado.
En este
sentido, es de notable interés, el criterio de Alonso, et al, (2020) quienes
consideran que en la competencia no solo se recogen recursos cognitivos sino
valores para la formación y el desempeño integral del sujeto.
A
partir de los elementos tratados sobre competencia, se pude hacer referencia a
las competencias profesionales, que se derivan de ella. Los criterios
consultados, con la aplicación de los métodos teóricos, se muestran en los
párrafos que siguen.
Se
parte de considerar las apreciaciones generales de Arévalo, et al (2022) quien
valora a las competencias profesionales como características cruciales del
individuo, para una actuación efectiva; como un conjunto complejo de atributos
para la actuación inteligente en situaciones específicas.
El
primer criterio es el de Anderson, et al (2022), el que define las competencias
profesionales como:
Un
grupo de cualidades relacionadas con los saberes que posee el estudiante, su
puesta en práctica, su actitud y su responsabilidad, basados en un programa
académico… se refieren a la forma en que el individuo es capaz de desarrollarse
durante todo el proceso educativo, utilizando sus conocimientos para lograr el
éxito académico (Anderson, et al, 2022, p. 22).
La
definición de competencias profesionales proporcionada por Anderson, et al,
(2022) abarca de manera integral los elementos fundamentales de las
competencias profesionales en el contexto educativo, pues no se limita
únicamente a los conocimientos teóricos que corresponden con el “saber conocer”
(conceptual), sino que enfatiza la puesta en práctica de dichos saberes,
equivalente al “saber hacer” (procedimental), lo cual es crucial en la
formación profesional, ya que el éxito depende tanto de lo que se sabe, así
como de cómo se aplica ese conocimiento en situaciones reales. Además, al
incluir la actitud y la responsabilidad, en vínculo con el “saber ser”
(actitudinal), esta autora resalta que las competencias profesionales van más
allá de lo meramente cognitivo y procedimental, siendo estos aspectos
actitudinales y éticos fundamentales para el desarrollo integral del estudiante
y su desempeño en el entorno laboral, lo que sería identificado como el “saber
actuar”.
Por
último, se tiene cuenta el criterio de Navas (2025) que refiere que la
competencia profesional puede ser entendida como “la integración de los núcleos
o variantes de conocimientos, de invariante de habilidad y habilidades
generalizadas y de valores profesionales y sociales” (Navas, 2025, p.64). Este
criterio tiene aspectos en común con las ideas de Anderson, pero se asume que
las de dicha autora son más completas por las que se asumen integralmente.
Visto los elementos teóricos sobre competencias profesionales en general, se
hace necesario analizar qué sucede con la competencia profesional en el proceso
de formación.
Según
Rosales, et al:
En
Cuba, las primeras incursiones al respecto quedaron adecuadamente recogidas en
el año 1985, en el plan de estudio de la carrera Medicina. Durante estos años
se ha puesto de manifiesto diferentes criterios, que ayudan a inferir que la
competencia profesional es la aptitud o capacidad para desarrollar de forma
idónea una actividad o tarea (Rosales, et al, 2021, p.4)
Aunque,
se coincide con este criterio, es importante desatacar que ya la competencia
profesional ha llegado, de acuerdo con Cueto, et al, a otros espacios pues se
debe ubicar el “empleo del término competencia en los ámbitos laboral,
pedagógico y psicológico” (Cueto, et al, 2020, p.706), y “el concepto de competencia exige un
mayor uso de características individuales, que van más allá de conocimientos
y habilidades específicas” (Mata, et al,
2022 p.123), de la aptitud o capacidad. En este sentido, para un estudio más
específico, la atención se centra en el ámbito pedagógico, específicamente, en
la formación universitaria que se desarrolla en la Universidad de Ciencias
Pedagógicas Enrique José Varona´.
La
Universidad de Ciencias Pedagógicas Enrique José Varona busca la formación
integral de sus profesionales a partir de concebir competencias profesionales
como: la didáctica, la orientación, la comunicación, la investigación, la
dirección de procesos educativos, la literaria, la lingüística, entre otras.
Según
Coll, et al, (2023) las competencias profesionales de la educación, se han
concretado en las actividades que han de desarrollar los profesores. Este
investigador se refiere a ellas como competencias para alcanzar una valoración
positiva y progresar en el desarrollo profesional, entendiéndolas como aspectos
significativos para alcanzar la integralidad en la formación de profesionales
de la educación.
En este
sentido, afirma que las competencias del profesional de la educación son:
El
conjunto del quehacer profesional que se refieren al qué y cómo enseñar y
evaluar, al desarrollo del currículo, pero también al trabajo en equipo, a la
participación en la gestión del centro, a la colaboración con las familias o a
la gestión de la propia formación. (Coll,
et al, 2023, p.14).
Significativos
son sus aportes pues considera que estas competencias del profesional de la
educación garantizan un mejor desarrollo y aplicación del currículo. Así,
agrega que estas competencias tienen “un enorme valor para orientar su
formación inicial y permanente y para precisar sus prioridades educativas en
todos los ámbitos de su actividad profesional” (Coll, et al, 2023, p.14). Las
valoraciones anteriores se asumen, pues se entienden las competencias del
profesor como un conjunto de conocimientos, capacidades y valores que se
concretan desde el modelo educativo y curricular, porque son consecuentes con
las ideas de Parra (2025) relacionadas con las competencias del profesional de
la educación, las que
deben definirse y concretarse desde la integralidad pedagógica en
el modelo del profesional y el currículo establecido.
Entre
las competencias del profesional de la educación se encuentra la competencia
literaria, la que ha transitado, en las últimas dos décadas, de una visión
centrada en la integración de habilidades (Cassany et al., 1994, p.93) hacia
una concepción integral, crítica y situada (Tiza, 2024). Esta evolución refleja
un cambio paradigmático: ya no basta con identificar figuras retóricas o
géneros; se exige que el lector-profesor interactúe con los textos desde su
historicidad, su ética y su capacidad de juzgar estéticamente. En los párrafos,
que siguen, se profundiza en estos aspectos teóricos.
Para el
estudio de la categoría mencionada, competencia literaria, se consultaron de
autores como Cassany , et al, (1994, p.84), ya mencionados anteriormente, los
que hablan de competencia lingüística (conocimiento de la lengua), comunicativa
(uso de la lengua) y pragmática (conocimientos y habilidades), necesarias para
la competencia literaria, pues esta tiene en cuenta del conocimiento sobre el hecho literario
(obra, autor, época, estilo, referentes culturales), la posesión de hábitos de
lectura, de criterios para seleccionar una obra según sus intereses y
preferencias, de una competencia comunicativa superior en lo lingüístico,
estratégico, discursivo y sociocultural, de capacidades para el disfrute y la
incorporación de la literatura a la vida cotidiana. De igual modo, se refiere a
que la competencia literaria va más allá de la adquisición de habilidades
propias de la comprensión lectora, sino que debe conocer a profundidad aquellos
elementos propios de la literatura. Lo cual se considera que es consecuente
pues para interpretar un texto literario se necesita trascender lo explícito a
partir de los conocimientos que se poseen sobre la obra. Por consiguiente, la expresión de una buena
competencia literaria en los estudiantes se observa desde la adquisición de
suficientes datos del hecho literario, su conocimiento sobre referentes
culturales, así como en las capacidades para comprender los textos desde la
identificación e interpretación de recursos literarios; y su actitud ante la
lectura.
Linuesa
(2022), la define como el “conjunto de conocimientos sociolingüísticos y de
habilidades textuales que se van adquiriendo a lo largo del proceso de
socialización de las personas”, aunque aporta elementos significativos como lo
sociolingüístico y las habilidades textuales, la competencia literaria debe
llegar también a las capacidades y actitudes, como ya se ha venido señalando.
Los
investigadores, asumidos en este artículo, se han referido a la competencia
literaria de diferentes maneras. La entienden como una capacidad o habilidad,
como un proceso o resultado. A razón de ello, se ha explicado que esta
competencia tiene un carácter gradual, que se enriquece con conocimientos y
experiencias adquiridas en el tiempo. En esta dirección, Moreno, et al,
explican que la competencia literaria posibilita un conocimiento amplio de todo
el aparato teórico literario, desarrollar habilidades durante el análisis, a
favor de un método, para la decodificación de los rasgos estéticos de las obras
y la comprensión de su mensaje estético y ético, así como promueve juicios
valorativos. (Moreno, et al, 2023) Este criterio se considera pertinente a
partir de cómo se entiende la competencia literaria para la formación del
profesor de Español-Literatura.
Según
los aportes más actuales, acerca de competencia literaria, Tiza (2024) concibe
la competencia literaria como un proceso formativo integral que convierte al
futuro profesional en un lector activo y define que:
La
competencia literaria es una configuración psicológica que integra las
capacidades cognitivas y metacognitivas para comprender y producir
significados, los conocimientos acerca de las estructuras lingüísticas y
discursivas de diferentes tipos de textos y las capacidades para interactuar en
diversos contextos socioculturales, con diferentes fines y propósitos, donde se
incluye su experiencia como lector y la expresión creativa, teniendo en cuenta
la percepción crítica que demanden sus saberes que contribuyen a despeños más
independientes y permiten al egresado
integrar los conocimientos de la lectura a un nivel superior (Tiza, 2024, p.
39).
Esta
definición de competencia literaria revela una perspectiva integral que
articula distintas dimensiones de la competencia alineadas con una concepción
formativa compleja y holística del sujeto lector. Desde la dimensión “saber
conocer”, se destacan las capacidades cognitivas y metacognitivas orientadas a
la comprensión y producción de significados, así como los conocimientos sobre
las estructuras lingüísticas y discursivas de los textos. Este componente
implica el dominio conceptual necesario para interpretar con profundidad los
mecanismos del lenguaje literario. En cuanto al “saber hacer”, se evidencia en
la capacidad de interactuar con textos en diversos contextos socioculturales y
con diferentes propósitos. Aquí se enfatiza la aplicación práctica de los
saberes adquiridos, permitiendo al sujeto lector enfrentar situaciones reales
de lectura, análisis e interpretación desde una perspectiva funcional y
contextualizada.
La
dimensión “saber ser” se observa en la inclusión de la experiencia personal del
lector, así como en la expresión creativa y la percepción crítica. Estos
elementos suponen el desarrollo de una identidad lectora reflexiva y
consciente, capaz de posicionarse frente a los textos desde su subjetividad,
pero con responsabilidad y profundidad ética.
Por
último, el “saber actuar” se manifiesta en la capacidad del egresado para
integrar los conocimientos literarios en niveles superiores de desempeño, lo
que alude a un ejercicio autónomo, comprometido y crítico en su interacción con
el conocimiento. Esto implica una lectura transformadora, que incide en la
construcción del pensamiento complejo para el entendimiento del hecho literario
y en la participación activa en la vida intelectual, cultural y social. Este
giro se articula con la competencia comunicativa, no como mero “soporte
lingüístico”, sino como
dimensión constitutiva del acto literario por lo que enseñarla
implica formar sujetos capaces de producir, interpretar y transformar discursos
en contextos socioculturales reales.
No
obstante, persiste una tensión estructural en la formación docente: mientras el
discurso curricular apela a una enseñanza crítica y mediadora (Domínguez et
al., 2024; Tiza, 2024), las prácticas áulicas siguen ancladas en un
academicismo formalista que privilegia el saber sobre el texto por encima del
encuentro con él. Esta brecha, identificada revela que el verdadero desafío no
es conceptual, sino epistemológico y pedagógico.
Los
hallazgos de este estudio demuestran que, en los últimos años, la formación
profesional ha vivido cambios metodológicos y curriculares, con el objetivo de
buscar profesionales competentes. La pertinencia de la formación profesional se
relaciona con el desarrollo de capacidades para lograr el éxito lo cual
requiere de una transformación en correspondencia con los cambios
socioculturales y económicos, que imprimen un sello particular a los sistemas
educativos. Lo explicado anteriormente impone la necesidad de replantear los
modelos de formación de las universidades y de la formación integral del estudiante,
buscando la capacidad de dar respuestas adecuadas a los desafíos actuales.
Para
alcanzar esa meta, las universidades tienen como responsabilidad, la formación
de un profesional eficiente, creativo, independiente, capaz de identificar sus
contextos de actuación, evaluar situaciones, tomar decisiones, hacer
inferencias, generalizaciones, acciones que no pueden reducirse solo a las
habilidades profesionales alcanzadas en su formación profesional. Una vía
futura para lograrlo puede ser un enfoque curricular por competencias, que
persiga nuevos aprendizajes y múltiples saberes, conocimientos, habilidades y
destrezas, y sobre todo, una transformación personal
que alcance los valores y lo actitudinal.
La
formación de competencias profesionales rompe con los paradigmas tradicionales
de una educación que se enfoca principalmente en el profesor y en la repetición
de contenidos extrapolados; transformándola en una formación cuyo eje gira
alrededor del educando. A nivel universitario la meta es el fortalecimiento del
proceso investigativo, apoyado de contenidos procedimentales, conceptuales y
actitudinales pasando de impartir únicamente conceptos repetitivos, a un
despertar de la motivación y la curiosidad intelectual del estudiante.
Lo
planteado anteriormente se puede aplicar a la formación del profesional de la
carrera Licenciatura en Educación Español-Literatura. De este criterio,
Almeida, et al, plantean que “La competencia literaria facilita la formación
integral del profesor de Español-Literatura y le
ofrece conocimientos, capacidades, habilidades y destrezas para la dirección
del proceso de enseñanza-aprendizaje de la literatura” (Almeida, et al, 2025,
p.4)
A
partir de la revisión de los documentos normativos de la carrera mencionada, se
pudo apreciar que el modelo del profesional y el currículo incluyen las
aspiraciones en la formación, los objetivos formativos, las cualidades,
habilidades, valores y actitudes. Lo que hace que estos documentos deben
actualizarse y reformularse en función de los cambios educativos que se vayan
produciendo. Mientras que el modelo curricular se ha ido mejorando y adaptando
continuamente en las últimas décadas por la necesidad de que la enseñanza
responda a los retos de la sociedad actual y futura, no ha sucedido de igual
manera con los modelos de formación, los cuales, en su mayoría, no están
diseñados para la formación por competencias profesionales.
Existe
una contradicción pues si bien se asume que la formación integral del
profesional de la educación se alcanza a partir del desarrollo de competencias,
cuando se consulta el modelo del profesional de Español-Literatura,
se puede encontrar que su formación elude a las competencias profesionales y
trabaja en función de las habilidades. Por otro lado, al consultar el Programa
de estudio de la Disciplina Estudios Literarios, se logra constatar en
contradicción con lo expuesto en el modelo, que el aprendizaje del hecho
literario debe contribuir a la educación literaria que conduzca al desarrollo
ascendente de la competencia literaria, para “…el debate, la crítica, la
reflexión y la valoración personal” (Sochi, et al,
2020). Este programa está más en correspondencia con los propósitos de la
formación integral de los profesores, al concebir el desarrollo de competencias
profesionales, particularmente la literaria, elemento que constituye una
situación problemática a la que se le debe buscar una solución.
En la
formación del profesional de la educación en la especialidad de Español-Literatura, se encuentran la competencia
comunicativa y la literaria como aquellas que conforman el perfil del
profesional, de acuerdo a su especialidad. El trabajo con la competencia
comunicativa, por tanto, no constituye un terreno inexplorado.
En esta
encrucijada, el enfoque cognitivo, comunicativo y sociocultural (Domínguez et
al., 2024) emerge como un marco integrador, pues permite articular el análisis
textual riguroso con la construcción de sentidos personales y colectivos.
También es aplicable a la enseñanza de la literatura por “el estudio del texto
literario a partir de los componentes funcionales” (León, 2018). Sin embargo,
su implementación requiere superar la lógica tecnicista de las competencias.
Cuando la competencia se reduce a “desempeños observables”, se pierde su
dimensión subjetiva, creativa y resistente. Por la evaluación de la competencia
literaria debe considerar la voz del lector, sus emociones, sus conexiones
intertextuales y su capacidad de vincular la literatura con la vida.
Sobre
el enfoque cognitivo, comunicativo y sociocultural se puede decir que
constituye la piedra angular de la formación del profesional de Español-Literatura, y que sienta sus bases en principios
teóricos y metodológicos que apuntan a estas competencias profesionales.
La
formación de estos profesores demandaba de un profesional competente en el área
de la lengua, lo cual exige el desarrollo de su competencia cognitiva,
comunicativa y sociocultural. Esta competencia había sido entendida como las
capacidades que poseía el sujeto para comprender y producir significados. Así,
se parte de la competencia comunicativa, que la lingüística del texto aporta, y
se origina el término comunicador competente; el cual constituye un principio
en la formación, al exigir como una característica del profesor de Español-Literatura: ser modelo lingüístico.
Todo
ello, ha servido de base para su formación profesional, pues el enfoque permea
los estudios lingüísticos y literarios de la carrera, no solo desde la mirada
teórica sino metodológica. En este sentido, se exige para la formación profesional
en la especialidad de Español-Literatura desarrollar
un pensamiento flexible que integre análisis lingüístico, interpretación de
recursos estilísticos y la relación autor-lector, aspectos que exigen al
profesor dominar estrategias metodológicas activas, que podrían alcanzarse si
se promueve un currículo por competencias profesionales.
Actualmente,
en la formación inicial del profesional de la educación en Español-Literatura,
algunos investigadores advierten la estrecha relación entre esta competencia
comunicativa ya explicada; y la literaria, pues se toma la lengua como eje
transversal para la determinación de estrategias que complementen la
adquisición de conocimientos y destrezas, donde se concibe a la literatura como
una situación de comunicación entre el autor y el lector que promueve no solo
el desarrollo de capacidades comunicativas sino una proyección cultural y
estética para la producción de significados según el contexto.
Así, en
la enseñanza de la literatura, el trabajo por competencia tiene su tradición
igualmente en el enfoque cognitivo, comunicativo y sociocultural; pues se
advierte que la competencia para comprender y producir significados no podía
quedar en el marco de lo comunicativo, sino ser entendido como las capacidades
para acercarse al texto literario y convertir al profesor en un lector
competente.
Acerca
del enfoque, Domínguez, et al, (2024), explican que este no queda solo dirigido
a la enseñanza de la lengua, sino que es aplicable en la enseñanza de la
literatura, siempre que se asuman los principios de este enfoque “ajustándolos
a las particularidades del texto literario y a las ramas de la literatura”
(p.8) y se tenga en cuenta el análisis literario como actividad fundamental.
Además, fundamentan que el enfoque para la enseñanza de la literatura debe
partir de estudiar del texto literario desde los componentes funcionales
(comprensión, análisis y construcción textual) y la incorporación de elementos
de teoría literaria “que permiten el desarrollo de habilidades para el análisis
en aras de fortalecer a competencia literaria” (Domínguez, et al, 2024,
p.8).
Por
otro lado, las valoraciones de Tiza (2024) acerca de la competencia literaria
sistematizan a los autores de la tradición y presenta concepciones acordes con
las percepciones actuales en torno a este término desde una perspectiva
integral. Así, la mirada a la competencia literaria descansa en pilares como la
formación ética, estética y sensible de las futuras generaciones a partir del
análisis de las obras literarias, el cual ofrecerá las pautas para que
encuentren en la literatura, las herramientas útiles para su formación y
reflexionen sobre su importancia.
Finalmente,
la discusión reveló que la integración de la competencia literaria con las
competencias profesionales es crucial para la formación integral del profesor
de Español-Literatura. Por ello, tras toda la
sistematización acerca los investigadores proponen la imbricación de los
criterios asumidos. Y por consiguiente, se entiende que los conocimientos,
habilidades, valores y actitudes participan en procesos como la comprensión, el
análisis, la valoración crítica y la construcción de significados y sentidos
(lo que le da salida a los componentes funcionales del enfoque cognitivo,
comunicativo y sociocultural), facilitan la interacción en diversos contextos
socioculturales, logran despeños más independientes, promueven la formación en
valores y el desarrollo de la sensibilidad, que constituyen bases para el
desarrollo de la competencia literaria.
Se
coincide con La O, et al, con el criterio de que la competencia profesional
“aporta herramientas conceptuales y metodológicas necesarias para la gestión de
entornos de aprendizaje” (2024, p.10), por consiguiente, desarrollar la
competencia literaria es un proceso complejo porque requiere necesariamente
comprender, integrar e interpretar los componentes del discurso literario para
su desarrollo en los diferentes entornos de aprendizaje. Formar y desarrollar
la competencia literaria será, pues, saber formar lectores que, autónomamente,
gocen de los textos para llegar a establecer valoraciones e interpretaciones.
Finalmente,
para el desarrollo de la competencia literaria en la formación inicial del
profesional, el estudiante debe:
·
Poseer suficientes conocimientos sobre el hecho
literario: géneros, autores, movimientos literarios, estructuras discursivas y
lingüísticas, estilos y técnicas, todo lo que implique la teoría, la historia y
la crítica literaria.
·
Identificar e interpretar correctamente las
estructuras lingüísticas del texto literario y sus categorías desde las
dimensiones del discurso.
·
Explicar los elementos esenciales de la teoría
literaria presentes en la obra.
·
Poseer habilidades para la comprensión del texto
literario desde sus tres niveles y la producción de significados desde una
perspectiva reflexiva y valorativa.
·
Dirigir el PEA de la literatura desde el desarrollo
de conocimientos, habilidades, capacidades, valores y actitudes.
·
Incorporar la literatura a su vida cotidiana y
disfrutar con ella.
En
síntesis, la competencia literaria del futuro profesor no puede concebirse como
un repertorio de habilidades, sino como una configuración dinámica (Tiza, 2024)
que integra:
Todo
ello, fundamenta que la competencia literaria es parte sustancial de las
competencias profesionales, pues la primera facilita la formación integral del
profesor de Español-Literatura y le ofrece
conocimiento, capacidades, habilidades, valores y actitudes para la dirección
del proceso de enseñanza-aprendizaje de la literatura de forma satisfactoria,
que significa formar lectores competentes y activos, en correspondencia con el
enfoque cognitivo, comunicativo y sociocultural.
La
tensión entre postulados curriculares y las prácticas docentes reales no solo
se manifiestan en el enfoque formalista del análisis literario, sino también en
la fragmentación entre la teoría literaria y la didáctica específica en la
enseñanza de la literatura. Esta desconexión impide que los futuros profesores
comprendan la literatura no como un corpus estático de obras canónicas, sino
como un diálogo constante entre textos, contextos y sujetos. En consecuencia,
la competencia literaria se ve reducida a la identificación mecánica de
elementos formales, como métrica, rima o figuras retóricas, sin alcanzar la
dimensión interpretativa, ética o cultural que le otorga sentido en la
formación docente.
Es
necesario reforzar la articulación entre las disciplinas Estudios literarios y
la Didáctica de la Lengua y la Literatura, ya que ambas deben converger en la
formación de un profesor capaza de articular saberes teóricos con estrategias
didácticas contextualizadas. Esta relación interdisciplinaria favorece que l
estudiante en formación no solo domine el aparato teórico literario, sino que
lo traslade a escenarios reales de enseñanza-aprendizaje en los que la
literatura se convierte en un espacio de encuentro, reflexión y construcción
colectiva de significados. La competencia literaria, en este sentido, no puede
desarrollarse en aislamiento académico, sino en interacción con la realidad
educativa y social del estudiante y del docente en formación.
Además,
el desarrollo de la competencia literaria debe vincularse estrechamente con la
formación investigativa de la carrera. El profesor de Español-Literatura
debe ser capaz de asumir un rol investigativo que le permita indagar en
problemáticas de la lectura y la escritura en su contexto escolar, proponer
soluciones creativas y evaluar su impacto. La investigación educativa en el
aula se erige así como una vía para enriquecer la
competencia literaria, al promover una actitud reflexiva y crítica tanto frente
a los textos literarios como frente a su propia práctica docente. Esto implica
formar profesionales que no solo transmitan conocimientos, sino que transformen
su entorno educativo desde la literatura.
Por
último, es imprescindible promover espacios formativos que estimulen la lectura
placentera y la escritura creativa como pilares del desarrollo de la
competencia literaria. La formación del profesor no debe limitarse al análisis
crítico desde una perspectiva académica, sino que debe recuperar el valor
estético y emocional de la literatura. Actividades como talleres literarios,
clubes de lectura, dramatizaciones o creación de antologías personales pueden
ser estrategias eficaces para cultivar una relación viva con los textos, y
favorecer así una competencia literaria auténtica, situada y significativa, que
posteriormente se traslade al aula como modelo de mediación lectora
Conclusiones
El estudio permitió
fundamentar la competencia literaria como como parte de las competencias
profesionales del profesor de Español-Literatura, al
demostrar que esta integra saberes, habilidades, valores y actitudes que
configuran un modo de actuación profesional orientado al análisis, comprensión
y enseñanza del hecho literario. La sistematización teórica realizada evidenció
que la competencia literaria trasciende el dominio informativo o técnico, para
situarse como una construcción cognitiva, metacognitiva y sociocultural que
articula las dimensiones del saber conocer, saber hacer, saber ser y saber
actuar. Desde esta concepción, la competencia literaria se erige como un
componente esencial de la formación integral del profesor, pues le permite
desempeñarse como mediador entre la obra, el lector y el contexto cultural.
La competencia literaria, desde
el diseño de estrategias curriculares y metodológicas, se favorece su
desarrollo en la formación inicial y continua del profesor de Español-Literatura para dotar a los futuros docentes de las
herramientas necesarias para la dirección del proceso de enseñanza-aprendizaje
de la literatura. Así, resulta pertinente su relación con la competencia
comunicativa como expresión práctica dentro del proceso de
enseñanza-aprendizaje de la Literatura como parte de la formación integral del
profesor y la promoción de una educación literaria crítica, sensible y
transformadora.
En síntesis, la competencia
literaria debe ser asumida no como una meta aislada, sino como un eje
transversal en la formación del profesor de Español-Literatura,
integrada a las demás competencias profesionales y al enfoque pedagógico del
currículo. Su desarrollo requiere una transformación tanto en los diseños
curriculares como en las prácticas docentes, con el propósito de formar
profesionales críticos, sensibles y creativos, capaces de articular el saber
literario con la realidad educativa y social contemporánea. Solo así se logrará
que la enseñanza de la literatura cumpla su rol formativo: el de contribuir con
la formación de profesionales lectores, reflexivos y comprometidos con su
entorno cultural y humano.
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Contribución de
los autores
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No. |
Roles de la contribución |
Autor 1 |
Autor 2 |
Autor 3 |
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1 |
Conceptualización: |
40% |
30% |
30% |
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3 |
Análisis
formal: |
40% |
30% |
30% |
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5 |
Investigación: |
40% |
30% |
30% |
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6 |
Metodología: |
40% |
30% |
30% |
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7 |
Administración
del proyecto: |
40% |
30% |
30% |
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8 |
Recursos: |
40% |
30% |
30% |
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10 |
Supervisión: |
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50% |
50% |
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11 |
Validación: |
40% |
30% |
30% |
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12 |
Visualización: |
40% |
30% |
30% |
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14 |
Redacción
– revisión y edición: |
50% |
50% |
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Declaración de originalidad y conflictos de interés
El/los autor/es declara/n que el artículo: La competencia literaria
y su relación con las competencias
profesionales en la formación
profesional pedagógica
Que
el artículo es inédito, derivado de investigaciones y no está postulando para
su publicación en ninguna otra revista simultáneamente.
A
continuación, presento los nombres y firmas de los autores, que certifican la
aprobación y conformidad con el artículo enviado.
M.
Sc. David Almeida- Martínez
Dr.
C. Eusebio Ebert León- Martínez
Dr.
C. Nidia Lescaille- Labrada
Revista Científica Pedagógica “Horizonte Pedagógico”. Vol. 14. Artículo de revisión bibliográfica |